El sueño de todos es hora de hacerlo realidad. Por qué dejar a la suerte, lo que se puede lograr con un trabajo serio y dedicado.
por José Ignacio Bezanilla
Debido a la coyuntura futbolística de Católica, las expectativas han descendido bruscamente. Conseguir el título nacional cada vez se ve menos como una obligación, y sí como un anhelo lejano, imposible, utópico.
Pero en estricto rigor, aunque el club no consiga nada desde el 2005, todos los años tiene la obligación de salir campeón. No existe otra alternativa. Y barajar una opción diferente reflota la mezquindad desde la que miramos cualquier campeonato que disputamos.
¡Basta! Éste, alguna vez fue un club de primer nivel en Sudamérica. Y no sólo, por su grandeza histórica, carga con la obligación de campeonar en Chile. ¿Por qué no intentar dar un salto a lo grande y planificarse mirando de reojo la Copa Libertadores?
Estuvimos muy cerca de conseguir la Sudamericana con Pellicer. Nos faltó jerarquía, oficio, experiencia. Por lo mismo, es hora de empezar a sumar todo eso ahora. Para que el devenir de nuestras presentaciones internacionales cobren un peso importante y no se limiten a “buenas participaciones” que ningún rédito efectivo traen consigo.
El ejemplo de Liga Deportiva Universitaria de Quito es un caso digno de imitar. Sudamericana, Recopa y Libertadores al bolsillo, sin ser argentinos, sin ser brasileros, pero con una ambición como la que necesitamos, si queremos proyectarnos en serio.