La verdadera condición de local se compone de dos elementos necesarios: El estadio propio y la gente. Patrimonios fundamentales que se deben cuidar y fortalecer a través de políticas que nazcan desde la dirigencia.
En primer lugar, insisto, el valor de las entradas. Si el martes se jugó de local, con los valores de siempre (que ya son altos) porque, hoy, contra Cobresal, como “regalo” a la hinchada no bajan los precios, ni inventan alguna promoción o hacen algo para convocar a la gente. Porqué si estuvimos esta misma semana siguiendo a nuestro equipo, hoy nuevamente hay que desenfundar $4.500 por una galería y $8.000 por ir a la Alberto Foullioux.
Este patrimonio llamado hinchada, amorfo y sin rostro (y por lo mismo, moldeable) se debe someter, sin derecho a chistar, a faltas de respeto graves como el no poder ejercer su condición de local siempre, y donde corresponde.
En ese caso, también entra en juego el otro patrimonio nombrado, el estadio. Y es que jugar los clásicos fuera de éste no sólo es una contraindicación en perjuicio del pueblo cruzado. Sino que, además es un gran retroceso para la consecución de logros deportivos.
Son dos clásicos este semestre como local. Se tiene que hacer todo lo posible por jugar en San Carlos de Apoquindo. Pero de corazón, no de lo boca para afuera. No sermoneando para los medios y sin cumplir en lo práctico.
De no hacerlo así, corre peligro el respeto ajeno hacia el Club, y nuestras posibles glorias deportivas.
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